viernes, 29 de agosto de 2025

Buckaroo Banzai: el cóctel pulp que desentonó en 1984

 

Un equipo de científicos descubre cómo capturar entidades ectoplasmáticas y asegurar la tranquilidad de la Gran Manzana, sí, Nueva York. Un arqueólogo experimentado emprende una peligrosa aventura para devolver unas piedras sagradas —y a unos niños secuestrados— a un pueblo de la India. Una nave de la Federación Galáctica se enfrenta a una decisión límite en la búsqueda de su segundo al mando, el señor Spock, de la USS Enterprise. Y, finalmente: ¿un cirujano, guitarrista, físico y héroe de acción hace contacto con la octava dimensión cerca de New Jersey?

Parecen titulares de un periódico sensacionalista, pero en realidad son las sinopsis de varias películas estrenadas en 1984: Ghostbusters, Indiana Jones and the Temple of Doom y Star Trek III: The Search for Spock, todas éxitos relativos en taquilla. Entre ellas, sin embargo, hubo un título que no encontró su lugar: The Adventures of Buckaroo Banzai Across the 8th Dimension.

El año 1984 estaba marcado por las resonancias de la novela distópica de Orwell y por las tensiones de la Guerra Fría, con el “reloj del apocalipsis” marcando dos minutos para la medianoche. En ese clima de incertidumbre nuclear, Buckaroo Banzai apareció como una propuesta arriesgada: una parodia pulp de ciencia ficción, rock y cómic. Tomaba como guiño inicial el célebre fake de Orson Welles en su transmisión radial de La guerra de los mundos (1938), donde se anunciaba falsamente que los alienígenas habían descendido en New Jersey para iniciar la invasión.

El guion estuvo a cargo de Earl Mac Rauch, quien durante años escribió distintas versiones acumulando un vasto “archivo Banzai”: relatos, subtramas y universos expandidos que excedían con mucho lo que finalmente se filmó. Esa riqueza de materiales, más sugerida que mostrada, contribuyó a dar a la película su atmósfera de “universo ya en marcha”, capaz de desconcertar y fascinar al mismo tiempo. Rauch también escribió la novelización oficial, que amplía el trasfondo y confirma su estilo híbrido: pulp, ciencia ficción excéntrica y humor absurdo, siempre en diálogo con la cultura pop y científica de la época.

La dirección estuvo en manos de W. D. Richter, para quien sería su única experiencia como realizador. Aunque la película fue un fracaso comercial, su mezcla delirante de géneros ha sido reivindicada como visionaria. Richter, más conocido como guionista de Brubaker (1980), Invasion of the Body Snatchers (1978) y Big Trouble in Little China (1986), es considerado un cineasta de sensibilidad ecléctica, capaz de moverse del cine político al fantástico sin perder estilo propio.

El reparto reunió a actores que luego serían referentes del cine y la televisión: Peter Weller como Buckaroo Banzai, John Lithgow en una actuación desbordante como el doctor Lizardo, Ellen Barkin como la enigmática Penny Priddy, Jeff Goldblum, Clancy Brown y un joven Christopher Lloyd como John Bigboote, uno de los aliens en busca del Oscillation Overthruster.

¿De qué va Buckaroo Banzai? En una década dominada por la pirotecnia circense —acrobacias, explosiones, aliens y héroes de acción—, la película responde con un protagonista que es, literalmente, un hombre renacentista: neurocirujano, físico, piloto de pruebas, estrella de rock y héroe de cómic. En uno de sus experimentos con su jet-car modificado, equipado con el “Oscillation Overthruster”, Buckaroo atraviesa la octava dimensión. Lo que encuentra allí es una prisión interdimensional para los Red Lectroids del planeta 10, una raza alienígena cuyo escape, facilitado por el perturbado doctor Lizardo, amenaza con poner en peligro la Tierra. Con la ayuda de su equipo, los “Hong Kong Cavaliers”, Buckaroo deberá salvar el universo.

La película, con su mezcla improbable de ciencia ficción, aventura, comedia y estética pulp, no era una hamburguesa fácil de digerir como los blockbusters de la época. Era más bien un cóctel extraño, quizás destinado a espectadores tan heterodoxos como Erich von Däniken o los teóricos de los antiguos astronautas. Y, aunque fracasó en su momento, su originalidad y su narrativa extravagante la han convertido en un film de culto irreemplazable.

En medio del brillo industrial de 1984, Buckaroo Banzai fue la rareza que sobrevivió. Un mito excéntrico que, cuatro décadas después, sigue siendo referente para quienes buscan en el cine no certezas, sino universos imposibles abiertos de par en par.

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