martes, 19 de enero de 2016

Proyecto en cocción 4

CAJA NEGRA



Las chimeneas de cremación del centro de medios muertos exhumaban los últimos vestigios de nostalgia moderna. Radio transistores y televisores habían sido sustituidos por tablets y holoproyectores, el nuevo orden exigía la erradicación del pasado. Ludwan observaba desde la ventana del transporte a reacción como el flujo de humo melancólico se fundía con el acuarelado cielo contaminado. Al bajar en la parada 45 miro su anacrónico reloj de pulsera, seis en punto, hora de su holoprograma favorito: Los jueces antioxidantes. Camino unos cuantos pasos hasta llegar al viejo café Baudelaire. Su rutinaria frecuencia lo hacia parte del lugar, acomodándose en la última silla de la barra. Con un ágil movimiento su mano toco la cien izquierda para activar el implante neurovisual de cuarta generación que había adquirido en un portal de ventas al menudeo. Sus dedos presionaban suavemente para ajustar la conexión de retina a un grado optimo.

En el episodio anterior los jueces habían dado su sentencia sobre el caso de un troyano alienígena que había infectado todas las defensas del arsenal neuronal de una inteligencia artificial clase dos. Los forenses dialecticos presentaron las pruebas, no habia marcha atrás. Los verdugos laxantes recibieron la notificación en sus agendas digitales, afilaron sus purgantes hachas con purificante extra semántico. El escenario: la corte de magistrados ubicada en el detrito de paloquemao, otrora prospero sector económico de una antigua colonia suramericana. A pesar de los glitchs de transmisión y la estática producida por la conexión a la antigua red, Ludwan disfrutaba de esa realidad inducida, lo ayudaban a escapar por un instante de su deprimente entorno.

En aquellos días ser recolector de kippel era la única forma de ganarse el pan honestamente, lamentaba su oficio, buscar y destruir cajas negras. Asi llamaban a esos dispositivos tecnologicos que se habian multiplicado insospechadamente a pesar de los controles estatales,  la cibercracia quería erradicar los vestigios de la era eléctrica. Añoraba volver a conectarse al ciberespacio, el desafortunado incidente con la multinacional HammerJudge lo inhabilito para volver a hacerlo, necesitaba un milagro si queria recuperar su vida anterior. Antes de ser Ludwan era RatBone, su reputación en los barrios bajos como agente de infiltración corporativa le habian permitido libre acceso a las arcologías de la región autónoma. RatBone, como muchos hackers, se comprendia mejor con los viejos códigos de encriptación y los malwares de intrusión que con las personas. La única persona con la que mantuvo contacto fue un cyberchaman azabache distinguido por sus técnicas de infiltración espiritual, se hacia llamar Hermes27. lo recluto para aquel trabajo que lo exilio del paraiso. Faltaban pocos minutos para finalizar el capitulo cuando la ventana emergente de video llamada saca del trance a Ludwan: Hermes27 llamando.

Ludwan sintio un escalofrio, no sabia si contestar o negarse a hacerlo. Hermes27 tenia ojos en todas partes, era imposible ocultarse. Ludwan apago el implante y activo el icono verde  – ¿asi que ahora te ganas la vida como un miserable carroñero? – reconoció su ancestral voz nativa – dime Ludwan ¿no añoras volver a la matriz?. Ludwan sintio como su piel se erizaba con la simple idea – ¿cómo me encontraste? – balbuceo. – mi buen Ludwan ¿olvidas quien soy? Nadie puede ocultarse a los ojos de Hermes27, no te quito tiempo, tengo una oferta que hacerte, puedo reinsertarte, que recuperes tu antiguo estilo de vida RatBone –.  Ludwan se reclino lo suficiente para que la tenue luz de la lámpara dejara ver su rostro. – Estoy retirado ¿no recuerdas HammerJudge? ­– Ludwan comenzaba a irritarse, era absurdo que tras años de olvido Hermes27 viniese a reclutarlo de nuevo, podía ser una trampa. – Mira, estamos en un mundo donde hay dos clases de personas: los que tienen la conexión y los que cavan. Sorpresa, eres el mejor cavando, así que necesito que penetres los servidores de un nuevo depredador corporativo, la I-Gen –.

La I-Gen se había consolidado como una de las mega corporaciones globales de genética avanzada. Uno de sus principales éxitos fue el AD-9, un androide domestico personalizado mas eficiente del mundo. Sus investigaciones en biochips e implantes que permitían libre acceso a las criptas informáticas eran altamente conocidas por los clanes periféricos del distrito 12. Era cuestión de tiempo para que alguno de ellos: azabaches, calacas, Lunytunes y llaneros; se hicieran a su mas reciente hallazgo. I-Gen anuncio la creación de un neurochip con tecnología stealth que permitía libre acceso a cualquier servidor, incluso deshabilitar cortahielos y firewalls. Quien obtuviese ese neurochip se haría a la posibilidad de conquistar y controlar el vasto mar de datos y crear inteligencias artificiales al libre albedrío.

Un torrente de imágenes cruzo la perturbada mente de Ludwan. No tenia mas opción que aceptar la oferta de Hermes, la promesa del último trabajo que lo liberaría de su materialidad corpórea. Recostado en su catre en la buhardilla del edificio Nutibara, Ludwan meditaba, no lograba conciliar el sueño. Tomo el teléfono y envío un mensaje a su jefe: <>. Luego busco en la agenda y contacto a Hermes.– cavare, espero que no sea otro de tus trucos – al otro lado de la línea Hermes respondió – eres el mejor cavando, confía en mi buen RatBone, te lo garantizo –. El trato ya estaba hecho, esperaba no ser interceptado por algún juez antioxidante o verdugo laxante en su camino, seria el fin de su excursión. Los primeros destellos de sol, cubiertos por una purulenta y acuarelada capa gris, anunciaban el comienzo de su travesía, Hermes27 lo había citado en la calle de los brujos, el único lugar que trataban con neurociencia negra, eran los únicos que podían recuperar los conductos y la conexión neuronal, Ludwan podía perder su amado implante neurovisual, pero acceder de nuevo al ciberespacio lo valía.


Ludwan tomo el primer taxi que cruzo la avenida, anuncio su destino y entrego una vieja tarjeta de trasbordo que habían dejado debajo de su puerta. Minutos después noto que el vehiculo no tomaba el destino indicado. – disculpe – expreso Ludwan un tanto aterrado – por que no toma la sexta, es la mejor ruta para llegar a la calle de los brujos –. El conductor no manifestó respuesta alguna y lanzo una mirada desafiante por el espejo retrovisor, por el contrario acelero mas y activo los seguros; un enrarecido aire comenzó a brotar del techo, Ludwan sentía como perdía la consciencia, todo se fundía a negro.   

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