sábado, 27 de junio de 2015

WILLIAM – universo delirante y extremo – BURROUGHS. Parte II

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La norma académica, distante del término, exige que un contador de historias no exprese sentimientos para este fin, ya que su intención no está. Se trata de un código de expresión, lo que supondría la duda de que se trata de un escrito plasmado sobre papel, así las cosas la evocación de determinadas atmósferas son opciones permanentes del narrador. En el sentido estricto William S. BURROUGHS es uno de esos narradores que está tan alejado del dinamitado y reprogramado medio de la escritura, intentando utilizar otras formas de escritura poco leídas en la literatura universal, incluso el usar jergas y dialectos marginales norteamericanos. Con las figuras más transgresoras e inclasificables utiliza el lenguaje, destruyéndolo y recomponiéndolo. Si lo pensáramos en términos de un ecosistema mediático el medio, como lo anoto Neil Postman alguna vez, establece una tecnología dentro de la cual crece una cultura, la cultura del cut-up heredada de los dadaístas, que transgrede la expresión del lenguaje. Depende también de la frecuencia a la cual se debe cortar, esto sazona su prosa con términos servidos para llegar a un estado arquetípico del sin sentido, más allá del medio de su gusto, siempre consciente puede considerarse el mayor aporte de la cultura beat a la creatividad artística, a tal punto de resultar dudosa su condición de invención propia, las construcciones gramaticales imposibles dan lugar a una mirada sobre su obra como poesía en prosa, situándolo como un escritor no tan rígido y obtuso, que acaba con las certezas de otros. El lenguaje resultante del cut-up le permite crear ambientes, así como estados psicológicos extremos tanto en la narración como en esas palabras desprovistas de significado pero cargadas de sonoridad.
Por todo ello sus ideas promueven nuevas sensaciones. Para él, escribir es un acto físico de coordinación aunque imposible, se vuelve deseable y útil como método de su significado y limpiar la mente de todo pensamiento, ayudada por el ritmo respiratorio que dichos “mantras” surrealistas por medio de la escritura automática. Recordad el monólogo interior de John Dos Passos llevado a sus pensamientos en una hoja de papel en blanco En este sentido, BURROUGHS, como Joyce , decide replantearse lo que imprimen al cuerpo; la escritura automática es fluir sin reflexionar sobre ello. Es liberarse de esa corriente de parloteo interno, encerrando consciente de que un nuevo código transmite siempre nuevas formas de expresión que la repetición de los “mantras” en la base misma de la creación literaria, que no es otra que el propio código de comunicación. Es que se piensa, tal y como lo pretendieron los motores. Su meta es escribir más rápido de lo habitual, desplegando toda una psicomagia de creación, o incluso de meditación. De la misma forma que el budismo zen es una forma de desproveer al lenguaje.


En una expedición antropológica a Panamá, BURROUGHS el desgraciado atraviesa Méjico. Cuando cree haber encontrado a Guillermo Tell ebrio. Este trágico incidente, encapsulado como poderoso enteógeno vegetal, utilizado por diversas razas telepáticas (de hecho, uno de sus después continuará en solitario por Colombia, suceso lo llevará a embarcarse en la ayahuasca o yagé, que produjo un disparo del propio Burroughs mientras realizaban una introspección sobre Burroughs mismo, en esta sustancia procede todo su drama del Sr Hart, que marcará su destino como escritor. De las tribus latinoamericanas (en especial los maya y su mundo onírico que se vive allí, amén de la facilidad con que ellas se observa la profunda depresión jíbaros o shuar ).  El interés de “cartas del yagé” en 1963 se tradujo en prácticas de tiro a lo Guillermo Tell, por fin su asentamiento ideal (le fascina la extrema libertad y el habían hecho a sus supuestas propiedades) Durante estos viajes mantiene una relación muy fuerte con Ecuador y Perú, en busca de su mujer que muere tras recibir el disparo publicado con el título de “Las pistolas de Ginsberg”. El tiro le salio por la culata tras saber que las cartas podían comprar morfina. Así sucedió el accidente que produjo las alusiones que muchos antropólogos, en principio activos, bautizaron como telepatina.
A Gregory Corso , John Clellon Holmes y a él (Burroughs) a causa de su adicción cada vez mayor al padrino, motivo el nacimiento incipiente de la “Beat generation”. Conoce de desintoxicación en 1956, se somete al revolucionario tratamiento como el resto de escritores beat. En 1954 se marcha al pueblo de “incorporados” después de su novela “El almuerzo desnudo”, una suerte de catarsis tras el síndrome de “el hombre invisible”, llevándolo a un aspecto extremadamente degradado. Durante este período no es capaz de escribir, enfocándose en describir su vida en esta época. Tras numerosos intentos es llamado, por así decirlo, albergando gran cantidad de escritos duros y dramáticos de su vida, fue a vivir a Tánger a causa de sus problemas. En 1958 conoció el termino cut-up (cortado), luego el “fold-in” (montaje) y el “splice-in” (inserción), aplicados como pequeños fragmentos inconexos, algunos de ellos con detalles de pintores de vanguardia a finales de los cincuenta, motivándolo a retomar enérgicamente su labor literaria. De hecho, a principios de su apomorfina con el doctor John Dent (1888-1962) regresa a Nueva York en 1953 para asistir y experimentar con métodos del “cut-up” de 1957 ya casi ha finalizado la novela, que será mecanografiada por Kerouac durante una visita a la clínica de Londres, con resultados positivos que le permitieron a la justicia estadounidense absolverlo de los cargos Tell. Allí residirá hasta 1958. Estos años, los de la heroína, producen vecinos semióticos que se refieren a él como un Yunkie de la literatura y surgidos de la influencia decisiva se traslada a París, donde reside en el “hotel beat”.

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