jueves, 11 de junio de 2015

Reseña de la semana: Criptonomicón de Neal Stephenson


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 Lanzándome en el vertiginoso mundo de las reseñas, sin ser un experto en ellas, acudiendo a mi intuición, quiero hacer un ejercicio sobre un texto que he sabido terminar y del cual me siento muy honrado. En este primer semestre del año, a raíz de la relectura de William Gibson, por sugerencia de unos grandes amigos y conocedores del ciberpunk llegue a uno de esos autores que difícilmente se pueden olvidar: Neal Stephenson. Si bien Gibson es el padre del ciberpunk –eso de que estuvo en el momento indicado – Stephenson potencia la premisa a niveles insospechados.
Hasta el momento solo he leído dos obras: La Era del Diamante, Manual ilustrado para señoritas (1996) y Criptonomicón (1999). Quizás en ambas resalta el uso de los recursos narrativos que sumergen al lector en un sólido universo, es decir, lo que enuncia te engancha con una ecosistema tecnológicamente desarrollado plenamente sin necesidad de explicar el por que de tales avances. En La Era del Diamante te transporta a una atmosfera en el que el siglo XIX y el XXI comparten no solo una estética, también un avance que puede significar el desarrollo del conocimiento, se podría decir que el dispositivo desarrollado es una anticipación del iPad y las tablets como las distinguimos hoy día. Pero quiero profundizar mas en su segunda obra, Criptonomicón.
Publicada por la editorial Avon el 4 de mayo de 1999, se convirtió en el equivalente a El señor de los anillos para los criptohackers y la narrativa ciberpunk, una novela de largo aliento, 918 páginas para ser exacto, en las que combina matemática analítica, criptografía, segunda guerra mundial, submarinos alemanes, tarjetas de datos, Alan Turing, Douglas McCarthur, Winston Churchill, máquinas Enigma y Turing (incluso un guiño al test de Turing), John von Neuman, lingotes de oro y otros personajes que complejiza la encriptada trama de la novela. En el 2007 ediciones B saco de nuevo la versión integral en una bella edición de lujo, que llego a mis manos gracias a Mirabilia Libros. Una vez adquirido, y con el tiempo para hacerlo, emprendí la tarea de leerla. Puedo decir que nunca antes me había enfrentado a un volumen tan alto de paginas, pero sin duda el reto valió la pena.

 Lo primero que puedo decir es que la narrativa presenta lo que llamo un “efecto resorte”, las primeras páginas van tensando ese resorte y luego, en el momento que se coge el hilo de los tiempos paralelos – segunda guerra mundial y presente – el lector se ve lanzado a una suerte de montaña rusa que no se puede parar. El titulo de la obra fue inspirado en el famoso libro que Lovecraft introdujo en su universo narrativo, el Necronomicon, y vale la pena citar las siguientes palabras de Stephenson al respecto:

Quería darle el título que podría haberle puesto a su obra un académico del siglo XVII. Y así es como se me ocurrió Criptonomicón. He oído por ahí la palabra Necronomicón. En realidad no he leído los libros de Lovecraft, pero está claro que el título surgió como analogía de ahí. (Locus Magazine. agosto de 1999. Consultado el 1 de mayo de 2010.)    

El texto inicia con Lawrence P. Waterhouse, quien se convertirá en un genio criptográfico que conoce a Alan Turing en Princeton y que desarrollara uno de los códigos mas complejos de romper: Aretusa. El conocerá mas adelante a Booby Shaftoe, un marine que gusta de hacer haikus y que juntos integran el escuadrón 2702, una unidad especializada en criptografía y transmisión de mensajes del enemigo. La otra línea nos lleva a los descendientes de estos hombres, por un lado Randall Waterhouse, Randy, un brillante criptohacker que junto a sus amigos de juego Avi, Eb, John, Tom y Beryl crean una compañía ficticia, Epiphyte Corp, con la cual crearan una surte de cloud informativa, un paraiso de datos llamada La Cripta. Su plan requiere de inversionistas para implementar las redes y antenas que requiere este ambicioso proyecto, lo cual los llevara a una red de conspiración que tiene sus orígenes en la segunda guerra mundial. Exacto, las líneas temporales en apariencia independientes comienzan a conectar y aparecen personajes como el teniente japonés Goto Dengo, el exsacerdote Enoch Root – devoto de la orden de Atenea – y el general Wing, recursos que se conectan en el territorio de las islas Filipinas y el ficticio Sultanato de Kinakuta. 


Sin hacer espoilers, una vieja costumbre con otros autores, puedo decir que Criptonomicón  es, como lo señalo un buen amigo, “un dulcecito para degustarlo lentamente”. Sin lugar a dudas es una novela impecablemente desarrollada, además no puedo dimensionar la profunda indagación que hizo Stephenson para desarrollar esta ucrónica trama. Ahora bien, si la quieren leer esta disponible en Internet la versión en tres tomos que sacara Ediciones B, siguiendo el ejemplo de la transcripción francesa, titulados El Código Enigma, El Código Pontifex y El Código Aretusa. Igual dejo el link para que puedan descargarla y disfrutarla tanto como yo lo hice. Muy recomendada sobre todo por todo el amplio uso de recursos diagramáticos que explican el desarrollo de estos códigos, los computadores digitales y las reglas de seguridad en la transmisión de datos.   Solo me resta decir que Stephenson ha creado una forma narrativa que atrapa y mantiene, en capsula criogénica, esa migración técnica que es ahora nuestro paradigma tecnológico actual.

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