lunes, 12 de enero de 2026

Inadaptados con poder: una relectura del canon superheroico desde Misfits

 


Quizás por memes o guiños en distintas películas, The Breakfast Club pasará a la historia de la narrativa audiovisual como uno de los tropos más recurrentes a la hora de construir historias que buscan generar empatía con el público: el grupo de inadaptados. Los X-Men fueron, para muchos, el primer conjunto de marginados que salvaba el día usando poderes manifestados en la pubertad, provocando el rechazo de quienes se consideran “normales”. Pero no olvidemos que los mutantes le deben su origen conceptual a la Patrulla Condenada (Doom Patrol), otro grupo de inadaptados: un robot con el cerebro de un corredor de autos, una mujer con trastorno de identidad múltiple, otra capaz de alterar sus moléculas para volverse elástica y un piloto de pruebas convertido en una especie de encarnación de la búsqueda alquímica, todos dirigidos por el profesor Niles Caulder, también postrado en una silla de ruedas.

Podríamos mencionar otros casos, pero no quiero desviar el argumento. Más bien, quiero llevarlo a ejemplos más recientes, como Heroes, de Tim Kring, y la serie británica Misfits, creada por Howard Overman, también conocido por Dirk Gently, basada en la obra homónima de Douglas Adams.

Misfits (traducida en algunos lugares como Los Inadaptados) se estrenó el 12 de noviembre de 2010, presentando a un elenco tan caótico como entrañable: el sarcástico Nathan Young (Robert Sheehan), el tímido Simon Bellamy (Iwan Rheon), la seductora Alisha Daniels (Antonia Thomas), la buscapleitos Kelly Bailey (Lauren Socha) y la promesa del atletismo Curtis Donovan (Nathan Stewart-Jarrett). Cinco jóvenes que, por distintos altercados con la autoridad —desde conducir ebrios hasta posesión de drogas— son enviados a un centro comunitario para cumplir horas de servicio social.

En su primer día, mientras realizan sus tareas asignadas, una tormenta sobrenatural descarga un rayo sobre ellos, otorgándoles poderes ligados a su último pensamiento. Simon se vuelve invisible; Kelly adquiere la capacidad de leer la mente; Alisha provoca que cualquiera que la toque pierda el control, en un giro que recuerda ligeramente a Rogue o Titania; Curtis obtiene la facultad de regresar en el tiempo; y Nathan… bueno, Nathan aparentemente no recibe ningún poder. O eso cree durante los primeros cinco episodios, hasta que finalmente se revela que es inmortal.

El primer gran desafío del grupo consiste en enfrentarse a su propio supervisor, transformado en una especie de zombi homicida que quiere acabar con ellos. A partir de ahí, llegarán situaciones cada vez más extrañas, oscuramente cómicas y desbordantes, capaces de conquistar incluso a los espectadores más escépticos.

A diferencia de muchas producciones estadounidenses donde el superhéroe es presentado como figura aspiracional, Misfits se inscribe dentro de una tradición británica más ácida, más irreverente y mucho más cercana al terreno del antihéroe. Y es precisamente ahí donde radica su aporte al mercado narrativo: la serie combina drama juvenil, humor negro, ciencia ficción urbana y realismo social sin pedir permiso a ninguno de esos géneros. Antes de su estreno, la televisión británica ya tenía ciencia ficción consolidada (Doctor Who, Torchwood) y comedias negras como Shameless, pero Misfits fue la primera en fusionar todos estos elementos para construir un relato generacional absolutamente propio.

En un panorama saturado por superproducciones norteamericanas, donde los héroes suelen portar trajes brillantes y códigos morales inquebrantables, Misfits propone lo contrario: un grupo de jóvenes de clase trabajadora, moralmente ambiguos, envueltos en problemas cotidianos y en poderes que funcionan más como metáforas de sus inseguridades que como dones. Simon se hace invisible porque ya lo era socialmente. Kelly escucha pensamientos porque siempre ha sido juzgada por su acento y su origen. Alisha desencadena compulsión porque vive atrapada en la hipersexualización. Curtis puede retroceder en el tiempo porque se arrepiente de su caída. Y Nathan, inmortal, es la encarnación exuberante de la irresponsabilidad juvenil.

De esta manera, la serie no expande el canon del superhéroe desde la épica, sino desde la desmitificación. No hay trajes, no hay nombre heroico, no hay destino manifiesto. Tampoco una lucha moral entre el bien y el mal; apenas cinco jóvenes intentando sobrevivir a decisiones impulsivas, accidentes sobrenaturales y consecuencias por lo general hilarantes. El canon superheroico aquí se vuelve antiépico, incluso anticlimático, y por eso mismo resulta refrescante.

Este enfoque entronca con el legado de la narrativa gráfica británica, una tradición que abrazó desde siempre lo extraño, lo grotesco y lo marginal: desde Judge Dredd hasta Hellblazer o The Invisibles. Misfits hereda ese espíritu: el gusto por el caos, la crítica social disfrazada de comedia, la fascinación por los inadaptados y un profundo escepticismo hacia las instituciones. Aunque no provenga directamente de un cómic, su ritmo, su estética y su tono la convierten en un puente natural entre el cómic británico y la cultura pop audiovisual contemporánea.

Howard Overman, creador de la serie
En última instancia, Misfits demuestra que no se necesitan grandes presupuestos ni discursos solemnes para renovar el género. Bastan ideas audaces, personajes imperfectos y un compromiso absoluto con mostrar que, a veces, los superpoderes solo sirven para amplificar las crisis de identidad, el arrepentimiento y el caos cotidiano. Ese es su verdadero legado: redefinir al superhéroe desde la vulnerabilidad y reafirmar la tradición inglesa de convertir a los marginados en protagonistas inesperados.

En definitiva, Misfits no solo irrumpió como una serie irreverente sobre jóvenes con poderes, sino que terminó consolidándose como una de las propuestas más originales del panorama británico contemporáneo. Su mezcla de humor negro, crítica social y desmitificación del superhéroe la convierte en un recordatorio de que las historias más poderosas suelen surgir de los márgenes, donde nadie espera encontrar heroísmo. Al final, lo que deja Misfits no es una gran batalla ni una epopeya salvadora, sino la certeza de que incluso los inadaptados —o quizá solo ellos— pueden revelar lo absurdo, lo trágico y lo profundamente humano que hay en todos nosotros.

No hay comentarios:

Inadaptados con poder: una relectura del canon superheroico desde Misfits

  Quizás por memes o guiños en distintas películas, The Breakfast Club pasará a la historia de la narrativa audiovisual como uno de los tro...