domingo, 25 de septiembre de 2016

Mas que un oficio técnico: la ilustración en la era de la hiperrealidad

Imagen cortesia de ImagenPalabra 7
A propósito de la séptima versión del salón de Ilustración ImagenPalabra, iniciativa liderada por un ecléctico grupo integrado por varios colectivos de ilustradores colombianos, es bueno hacer un estado del arte con el animo de visibilizar las tensiones de un campo en expansión, no se trata de establecer lo que es de lo que no es, al contrario, la  ilustración converge con una multiplicidad de gramáticas visuales, plataformas, soportes y temáticas.

Tratar de definir la ilustración resulta tan complejo y definitivamente descabellado como definir una fantasmagoría. De algún modo nuestra cultura, siguiendo la línea de Sartre, ha capturado y encarcelado un imaginario de la ilustración que se ha distorsionado a razón de los diversos campos de producción que la requieren. Si bien somos los herederos de Durero, la ilustración se ha desbordado revelando su poliédrica naturaleza que no se puede encarcelar en un ejercicio técnico, la técnica es solo uno de sus componentes mas no el último.

Situándome en ese lugar de frontera entre ser consumidor, productor y docente; puedo afirmar que cada vez la ilustración se expande en temáticas, técnicas, relatos y formas de ser y hacer ilustración. Hacer un buen dibujo no te convierte tampoco en ilustrador, esto se suma a la técnica que siguen siendo componentes que atraen la atención del ojo. Una ilustración requiere tener la capacidad de narrar, de explotar los conceptos, las figuras retóricas, unos personajes y atmósferas que nos ayuden a sumergir en esa opinión, esa postura que tiene el ilustrador frente al encargo que resuelve. Muchas veces se cree que el ilustrador es solo un mecanismo para hacer tangible el precario imaginario prestado de un contratista famélico, bajo en nutrientes conceptuales y alto en grasas globalizadas.

Para este año la enorme muestra evidencia tensiones que validan y reconfiguran la comprensión de esta categoría que oscila entre oficio, campo y disciplina. Al ver los trabajos puedo identificar tres núcleos particulares: ejercicios de técnica,  caza-imaginarios y relatos visuales. En cuanto al primero pude ver trabajos que en verdad eran un grandilocuente do de pecho que indica el virtuosismo de quien lo realiza: pinceles digitales, tintas, color, ecolines. La segunda se asocia con esas imágenes que ya han sido vistas y se remasterizan con un cambio sutil de atmosfera o de elementos que circundan la imagen, en estos tiempos tan hipervisuales encontrar nuevos imaginarios se hace una labor altamente fatigante. La última, relatos visuales, nos muestra unos personajes que desarrollan unas acciones en un mundo que no siempre es el real, por el contrario se trata de engañar a los sentidos para que edifiquen una realidad que permita alimentar la pobre imaginación de nuestros días.


El punto es, que en algunas instituciones, la ilustración no se entiende como una categoría que trasciende la técnica. No debe ser un ejercicio de reproducir aquello que ya existe, se trata mas bien de ver las posibilidades que puede ofrecer en términos de expresión, gramática visual, vocabulario, formas y ante todo discurso. Si nos quedamos imitando el aleteo de una mariposa, el rostro de alguien o una composición conocida. No niego que estos ejercicios sirvan de aprendizaje, pero quedarse en ello no es bueno. Felicito a todo el equipo ImagenPalabra, a los ilustradores e ilustradoras que participaron, a los panelistas, a las instituciones involucradas, a los espacios de exhibición y demás personas que hacen posible están gran vitrina de la ilustración.     

1 comentario:

Juan Manuel Agudelo dijo...

Los Herederos de Durero.. sería todo un honor, pensarlo así!