domingo, 24 de enero de 2021

UN ADIOS AL CHAMAN DE LOS MIL OJOS Y LOS MIL TENTACULOS

 

Cortesia del portal El Universo


Adios Ródez

Las palabras no vienen tan fácilmente. He de confesar que hago un esfuerzo para sentarme ante el teclado y tratar de redactar algo ingenioso, digno de mención, sobre Ródez (1963-2021). Han sido unos días muy extraños, por no decir bizarros, al saber tan repentinamente en la red social del fallecimiento de uno de mis mejores maestros. Los textos que escribo habitualmente toman distancia de las cosas, pero, en este caso, es difícil hacerlo por la cercanía que tuve a él. La dificultad de expresar el gran vacío que deja la partida del Maestro Ródez, me hace reflexionar sobre todo aquello que aprendí sobre el oficio de ilustrar. Decido mirar a otra parte porque, al echar un vistazo al teclado, se niega a arrancar, a extirparme algo coherente, sentido y verdadero. La necesidad de escribir sobre alguien que ha expresado lo mejor de la vida en trazos, formas y colores en el momento en que yo entregaba lo mejor de mi como aprendiz, discípulo y luego como docente. Elijo entonces reconstruir su figura mediante el recuerdo de nuestros encuentros en el salón de clase, los eventos y en la calle, su lugar favorito.

Conocí a Ródez en 1996. Ese año en agosto ingrese a la Jorge Tadeo Lozano como estudiante de primer semestre de Diseño Gráfico. Gracias a un gran amigo, que ya cursaba 5to semestre, pude estar en la clase de ilustración que impartía Ródez como asistente. Era los viernes de 2pm a 6pm, el popular bloque de cuatro horas. Durante esas 16 sesiones vencí el miedo al color, a ir más allá del lápiz y explorar otras formas de ver las cosas. Recuerdo incluso que en una de las sesiones llevo su carpeta de trabajo, un maletín de tamaño pliego, en el que conservaba sus mejores trabajos. Ver esas imágenes me dejo atónito, eran una increíble convergencia de colores, texturas y composiciones. Quería ser ilustrador y no descansaría hasta lograr hacer algo mejor. Lo que no vi en aquella ocasión y que logro comprender hoy es el disfrutar ilustrar. Paso el tiempo y en cuarto semestre estaba el taller de aerografía, ese fue nuestro primer encuentro oficial, yo como estudiante y él como docente.  Dominar el aerógrafo requería de constancia, férrea voluntad y claro tener mucha paciencia; esas fueron las primeras lecciones que aprendí.

Continúe con la clase de Técnicas para ilustración de 5to semestre. Allí conocí la tinta, la plumilla, el pincel, el ecolin, la acuarela, las texturas y el resolver encargos temáticos para cada sesión. Su manera de explicar la técnica mediante lo que se conoce como la clínica, esto es estar en el centro del aula mientras los estudiantes estaban a su alrededor, era simplemente un acto místico. Cual chaman gráfico hacia su acto de prestidigitación revelando en la hoja una poderosa visión del cosmos, además lo hacia tan rápido y sin error alguno que muchos y muchas quedábamos en shock. Sus correcciones sobre los trabajos eran todo un espectáculo. Algunos pasaban como genios revelados y otros como grandes fracasos que competían con una vendedora de tomates en hacer algo decente. En sus retroalimentaciones podía hablar hasta de tu abuelita, doblegando tu espíritu para exigirte mas de ti mismo. Nuestro último encuentro académico seria en noveno semestre, en la clase de Ilustración de Novela y Poesía, enfocada a la ilustración editorial.

Al graduarme como Diseñador Gráfico en 2001, tome la decisión de ser docente y retribuir sus enseñanzas a través de las nuevas generaciones. Tal vez no fui el mas destacado en sus clases, mis trabajos dejaban siempre una sensación de pude hacerlo mejor, pero, lo mas significativo, es que al estar en ese lugar como profe, pude entender el porqué de su manera de enseñar y de hacer las cosas. Recuerdo incluso que en alguna clase me decía: observe muchas referencias del arte, por que el comic estaba mandado a recoger. Mi terquedad diluida me permitió acercarme a Gustav Klim, Egon Schiele y David Hockney; ver el arte con otros ojos. Esta edición es un pequeño y sentido homenaje a la memoria del papa de los pollitos, el maestro de maestros, el inigualable chaman de los mil ojos Ródez. Gracias por todo lo aprendido y tu legado vive en cada ilustrador e ilustradora que formaste.

viernes, 8 de enero de 2021

Un servicio comunitario como ninguno: una reseña de Misfists (2009-2013)

Cinco adolescentes problemáticos, muy británicos, han cometido actos reprochables que atentan contra las “buenas costumbres”, por lo que son sentenciados a unas semanas de servicio social en un centro comunitario de la localidad. Al llegar al servicio deben usar un overol naranja y hacer lo que diga el supervisor, una “figura adulta” que les indica las labores del día y firma el listado. Todo parecía una aburrida sentencia de servicio comunitario, pero ellos no contaban con “la tormenta”, así es, el fenómeno climático que les otorgo misteriosos poderes no solo a ellos, también a muchos habitantes de la ciudad. Si, en su primer día de faena cae repentinamente dicha tormenta y justo a ellos y al supervisor le caen rayos que les dan poderes, que descubren accidentalmente horas después y además no encajan en el canon habitual de superhabilidades heroicas, pero que a la final aprenden a usarlos para ayudarse mutuamente. Esta es la premisa de la serie Misfits (2009), creada por Howard Overman y que comenzó a emitirse en noviembre de 2009 por la cadena de televisión británica E4.   

Antes de seguir vale la pena hacer una distinción frente a la serie de 1985 Misfits of Science, creada por James D. Parriot, en la que un grupo de superhumanos liderados por Billy Hayes, científico del Humanidyne Institute, especializado en anomalías humanas, que enfrentan situaciones extraídas de los Pulp magazines y la edad de plata de los comics. El Doctor Billy trabaja con el Dr. Elvin Lincoln, colega y amigo cercano, cuya anomalía es reducir su estatura de dos metros y medio a 28 pulgadas. Por el camino reclutan a Jonnhy Bukowski, musico de rock and roll, que adquiere el poder de canalizar la electricidad tras ser electrocutado en el escenario; luego se suma Gloria Dinallo, una adolescente con poderes telequinéticos y antecedentes de delincuencia, cuya madre está en una institución mental quien afirma que el padre de Gloria viene del espacio exterior. Si bien ambas series se centran en adolescentes que no encajan, esta tiene una notoria diferencia con la versión inglesa y es que están asociados a un centro de investigación y sus poderse se adquieren por accidentes particulares. Por ende, no sería un reencauche, pero si un revival del concepto del inadaptado social.

A principios del siglo XIX la palabra Misfit se usaba para criticar el uso incorrecto de cierta vestimenta de una persona. En su partición etimológica el prefijo Mis traduce “malo / incorrecto y fit “atuendo”. Sin embargo, la flexibilidad del lenguaje hace que el termino se use a finales del mismo siglo para designar a esa persona que no encaja o se adapta a su entorno. Así las cosas, Misfit engrosa esa lista de etiquetas sociales que sirven para todo aquello que no es normal, que se sale de la regla, igual que outsider, aplicado a los adolescentes conflictivos, en especial en una época en que no parecían tener un lugar en la sociedad. Curiosamente en 1961 el escritor Arthur Miller escribe un western-drama que titulo The Misfits (John Huston, 1961), que sería el último filme de su esposa Marylin Monroe, en el que también participo el galán del momento Clark Gable. Se dice que la producción resulto bastante problemática por varios factores, entre ellos: el calor del desierto de Nevada que superaba los 38º centígrados, la ruptura de Marylin Monroe con Arthur Miller, esto llevo a Monroe a beber en exceso y acompañarlo con medicamentos recetados; sin duda Marylin era una misfit. Este filme inspiro a Glenn Danzig para dar nombre a su proyecto musical que daría vida al horror punk, pero eso es otra historia.

 

Desde el primer momento la serie presenta sus comodines. Por una parte, una excelente banda sonora (mucho rave y rock británico) que acompaña con sus compases un montaje audiovisual frenético, muy acorde para un publico juvenil de ese momento. Y por otra, un grupo de actores que encarnan a los adolescentes ingleses promedio. En otras palabras, gente real, normal, con carencias afectivas que los llevan a ser inadaptados, impotables y que buscan salirse con la suya, cuyo representante emblemático es Nathan (interpretado por Robert Sheehan, si, el mismo de Umbrella Academy y Maquinas Mortales): cada expresión corporal y palabra expresada, está lejos de pasar el test de urbanidad y el buen gusto. Sin duda gran parte del éxito de la serie descansa en el estereotipo de Nathan: pura dinamita chabacana, escatológica, brutalmente honesta y sin filtro.    

Una vez más, la ficción audiovisual aplica la consigna social del trabajo en equipo. La serie relata la historia de una reunión de seres humanos, aunque con un matiz relevante: la figura del adulto está prácticamente ausente. La historia se aproxima entonces a la planteada en la obra de William Golding El señor de las moscas (1954), pero en este caso, con adolescentes “confinados” a una especie de isla de concreto, muy ballardiana, que es el entorno urbano donde habitan, y cuya referencia arquitectónica de tipo brutalista, es el Centro Comunitario donde -literalmente- cumplen sus condenas. Los protagonistas ya han sido juzgados por los tribunales ordinarios, y, en consecuencia, sentenciados a trabajos comunitarios. Misfits es entonces la convergencia de todo aquello que atenta contra el realismo capitalista: vagos, mediocres, ignorantes problemáticos, o caídos en desgracia (porque nadie está exento de culpa), que ni estudian, ni trabajan. Todo eso es Misfits. ¿Cuál es entonces el punto de giro? En que el drama realista deviene en relatos extraídos de la ciencia ficción, la magia, lo sobrenatural, y finalmente, algo de comedia negra.

Toda la culpa recae en esa extraña tormenta eléctrica que reparte poderes (algunos útiles, otros ridículos) a diestra y siniestra. Y aquí es donde se complica la cosa. Lo que se podía entender como un relato puramente normativo -para la felicidad del mundo conservador- se transforma en una de las series más subversivas de los últimos años. Los excesos están en todas partes, y para hacerlos digeribles, son matizados por el cedazo del humor. Asesinatos al mejor estilo del cine clase B, porristas zombies, masturbación en pareja, enfermedades de transmisión sexual, heces, orina, todo tipo de filias, además de saltos temporales, incluso, se puede ver a uno de los protagonistas defecando a un conejo. Para mi gusto personal me quedo con las temporadas de la uno a la tres, las otras dos ya parecen desahuciadas, faltas de chispa narrativa, recaen en el agotamiento moribundo para mantenerlas al aire. Simplemente recomendada, la pueden encontrar por Amazon Prime o en Pelis Plus https://www13.pelisplus.movie/serie/misfits


jueves, 7 de enero de 2021

Por que resucitar a Betty, si no era tan agraciada: los viejos fármacos vencidos aun tienen efecto.


Buena parte de las distopias cinematográficas proponen el desarrollo y distribución de alguna clase de fármaco que mantiene inconsciente a quien la toma, listo para seguir la voluntad del regente de turno. En cada una de ellas el estricto régimen depende de la obediente ingesta por parte del pueblo de dicho medicamento, que por cierto siempre luce como una pastilla. La norma es que este medicamento avalado por el estado sea asociado a sus presentaciones habituales: inyección o tableta. Pero, no debemos olvidar que los fármacos también pueden dar lugar a las adicciones, que pueden ser muy diversas, entre ellas se puede ser adicto a ver televisión, por ende, la tv es un fármaco muy sutil, indoloro y cuyos efectos secundarios se ven en años. La distopia actual que vivimos en carne propia no es tan refinada como la THX 1138 de Lucas, o Equilibrium de Wimmer, o La Naranja Mecánica de Kubrick, o el Farenheit 451 de Truffaut, incluso la memorable obra de Saramago Ensayo de la Ceguera se acerca más a lo que nos adolece como sociedad; por el contrario, la nuestra más bien parece una improvisada forma de retener el control en las manos de los sospechosos habituales. Mas allá de lo nefasto que han sido estos últimos años para el país, parece que este régimen avinagrado, con tufillo de propaganda a la Goebbels (que sus principios de la propaganda, escritos en la década de 1930, sean todavía usados no tiene precio), aun cree que la mejor droga para controlar al pueblo es la televisión, en especial cuando las opciones se cierran a los dos canales más tóxicos que ha podido engendrar la televisión privada.  

Los contenidos televisivos actuales se sirven de las franquicias y la imitación de “formatos exitosos” del primer mundo, lo que deja raquítica la producción local, en especial las telenovelas. Hubo un momento dorado donde se hacían buenas producciones, historias que tomaban contextos más cercanos a la realidad, incluso se acercaban a las regiones y darnos una panorámica de lo que ocurría en la periferia. Para esos años eso era suficiente para alienar a los devotos y devotas de la caja idiota. En la actualidad, como lo señala Mark Fisher, la cultura actual “privilegia lo presente y lo inmediato”, complementado esto expresa que: “la anulación del largo plazo se extiende tanto hacia atrás como hacia adelante en el tiempo.” (Fisher, 2009). Esto nos lleva a pensar como un tema monopoliza la atención de los noticieros por un lapso no mayor a una semana; luego es olvidado para darle paso a otro mas agravante. Otro aspecto a tener en cuenta sobre los contenidos converge en una cultura excesivamente nostálgica, lo que conlleva a una incapacidad, por miedo a que no funcione, de generar ­novedades auténticas, expresado en un deseo por volver a las formas culturales familiares. Lo nuevo resulta hostil, dejando la única opción de refugiarse en la seguridad de lo viejo conocido.

El tema que ha monopolizado por un largo tiempo a los noticieros es la pandemia. La gente al principio lo tomo como un mensaje del apocalipsis y solo veían en sus mentes el fin del mundo. Podo a poco la rebeldía se fue apoderando ante el desespero del encierro prolongado y las ganas de respirar smog puro. La gente ya no estaba haciendo caso del todo, incluso algunos pensaban que esto era producto de una sofisticada simulación computarizada y que ese tal virus no existe. ¿Cómo recuperar el control ante esta situación? La respuesta se encontraba en volver a emitir las novelas que ya habían cautivado a millones, nada como una buena capsula de nostalgia para alienar a la mayoría. Sin lugar a dudas una de las ultimas producciones televisivas de alto rating fue Betty La Fea (Gaitan, 1999), una historia que nos trasladaba durante treinta minutos a una realidad que lucia como la nuestra, usufructuando la clase media trabajadora, en la que los poco agraciados debían de hacerse a un lugar para conquistar el sueño propuesto por el realismo capitalista, el final feliz donde la protagonista tiene fortuna, belleza, mansión, beca y un par de vehículos. A eso nos acostumbraron los dramas mexicanos, en especial con el multiverso de adaptaciones que involucraban a Thalia: Marimar, María la del Barrio y María Mercedes. En fin.

El debut de Beatriz Aurora Pinzón Solano – Betty, para las amigas - la secretaria poco atractiva de la empresa Ecomoda, fue emitido desde el 25 de octubre de 1999 hasta el 8 de mayo de 2001. Muy pocos tenían acceso a la televisión por cable en aquel entonces, salvo por los planes de parabólica de barrio, lo que garantizo una gran audiencia y bastantes charlas en la hora del almuerzo sobre cada capítulo. Fernando Gaitán, el guionista responsable de esta épica fantasía televisiva, supo combinar hábilmente los ingredientes dramáticos y darles un giro que cautivo a la mayoría de personas que se “identificaron” con las ocurrencias y situaciones de Betty. Algunas historias envejecen bien y logran volver de la pila de descarte, pero ¿realmente era necesario que volviera esta novela para salvar el raiting caído de un canal mediocre? Parece ser, la respuesta, el alcaloide perfecto para olvidar toda la tramoya estatal, las masacres, la corrupción y todas las posibles jugaditas legales para instaurar una dictadura de cartón corrugado. Sin embargo, traer de nuevo a la vida mediática algo del pasado, equivale a un muerto viviente, y el sentido común nos ha enseñado lo que sucede cuando desafiamos los designios de la vida terrenal: se vuelve en nuestra contra.

El público de hoy no es el mismo de ayer, en especial cuando lo que disfrutaron unos, otros lo ven como una perdida de tiempo carente de sentido. Entre 1999 y 2001 el país estaba bajo el mandato de Andrés Pastrana, digno delfín de Misael Pastrana, que poco o nada hizo más allá de “intentar un dialogo con la guerrilla de las FARC y hacer la famosa “zona de despeje”. La violencia no cesaba en distintas regiones y la guerra contra el narcotráfico seguía su curso. En ese contexto la propuesta de Fernando Gaitán cayó como un bálsamo para distraer y, como lo señala Hoggart en su análisis de la cultura obrera, fue una invitación al mundo del algodón de azúcar al que pocos podían resistir. La protagonista, Betty, a diferencia del estereotipo tradicional, si estaba formada en la universidad como economista, pero parecía sobrecalificada para su asignación. Muchas personas se identificaban con esta mártir del modelo neoliberal: el no ser agraciado, no consumir aquello que designa la tendencia y no poder aspirar a otra cosa que sobrevivir. Pienso que las audiencias juveniles, que están mas en el streaming que en la tv convencional, verían en esta tragicomedia la matriz de creencias que domino a sus padres y madres, al igual que a sus abuelos y abuelas: los bellos triunfan sobre los feos, pero ¿Quién define la belleza y la fealdad en la realidad mediada? Así las cosas, mas una televidente actual que le dedique unos minutos a esta capsula de morfina visual diría que atenta contra las luchas que han dado las mujeres desde Gloria Steinem.

Las comparaciones son odiosas, pero mientras un canal tiene a Betty como su as para recuperar audiencia; la competencia tiene a los gavilanes, pesos pesados en un ring de peso pluma. Es una contienda de resurrectos que carga a cuestas con el hedor de un tiempo mejor, con la toxica nostalgia que mantiene a raya la creatividad para alentar la sobreoferta de reencauches y remakes, demostrando así los síntomas de una lenta cancelación del futuro, en el que la producción cultural se reduce y sigue saqueando la veta del pasado para seguir alimentando las viejas creencias. Mientras esto siga así por parte de la cultura oficial, las viejas capsulas televisivas seguirán surtiendo efecto en la población mas proclive a la nostalgia.     

domingo, 29 de noviembre de 2020

NOTAS DESDE EL OVERGROUND: ¿ESTA EL FANZINE PERDIENDO SU ESENCIA CONTESTATARIA?



 


“En fanzines, los bichos raros de todos los días hablaban claramente sobre sí mismos y nuestra sociedad, una intimidad reveladora y un saludable "vete a la mierda" a la autoridad autorizada, sin dinero ni reconocimiento, escribiendo para una audiencia de inadaptados de ideas afines.”

Stephen Dumcombe / Notes from Underground (2008)

 


Los fanzines llegaron a Colombia de la mano del movimiento punk y metal en Bogotá y Medellín, durante la convulsionada década de los años ochenta del siglo XX. La motivación por compartir la poca información que llegaba de las bandas de afuera convirtió al fanzine en el vehículo ideal para construir una intranet, como lo expone Vortice Rebel en Refractarios: Ruido y Fotocopias, que configuro la escena punk y metal que resistió hasta finales de los noventa. Trozando las páginas de las revistas y periódicos cursis del establecimiento para ensamblar los arquetipos de la marginalidad, lacerando las hojas con el martilleo de la máquina de escribir y el kilométrico de tinta azul, construian exploraciones periféricas a la cultura impresa oficial, que les permitía hablar con total honestidad de sus rituales. Eran los tiempos de las parias y narcos, de un país mancillado por masacres y pobreza que tenia en el punk y el metal a sus cronistas que solo vivían el presente, no había futuro.

El país sigue siendo el mismo. La violencia está a la orden del día y los fanzines parecen haber dejado su refugio clandestino, que operaba bajo el radar, para exiliarse de su función inicial y abrazar el reconocimiento que merece. Esta acción le ha permitido ganar un espacio importante en las universidades, se hacen talleres y electivas del tema, e incluso se han constituido en objeto de investigación. Las librerías y las bibliotecas ya lo incluyen entre sus categorías de archivo. Es más sencillo encontrarlos ahora, sobre todo con el auge de las ferias independientes y festivales de auto-publicación. Sin duda todo esto parece bueno, pero, ¿no representa también una amenaza a su esencia?

En la actualidad con la masificación de las redes sociales, los blogs y los portales de prensa independiente a las lógicas de los medios oficiales; el fanzine ha diversificado sus intereses, centrando su atención en los fenómenos de nicho, las comunidades y actividades del ocio, y los procesos de creación artística. También debemos sumar la proliferación de herramientas digitales y de reproducción a la que algunos tienen acceso algunos realizadores y realizadoras, haciendo que los fanzines sean muy diferentes en términos de calidad y contenido a sus predecesores. Las motivaciones han cambiado, así mismo las personas que los hacen.  Los primeros fanzines eran hechos por personas que poco sabían de diseño o artes gráficas, el perfil era más cercano a oficinistas, empleados de tiendas y trabajadores que en el poco tiempo libre hacían su ejercicio de producción para lograr su publicación.

Cuando me lance a investigar sobre los fanzines en Colombia, el escenario era reducido, pero con una enorme capacidad de expansión. Tuve la oportunidad de intercambiar notas con realizadores y realizadoras, como el caso de M. Noregna, Andres Frix, Rapiña, Vortice Rebel, Robot; entre otros, que rememoraban un fanzine subterráneo, que solo se conseguía en toques de punk o metal, fotocopiado y cuyo contenido apuntaba mas al periodismo aficionado, a la escritura y el dibujo amateur – un préstamo lingüístico del francés que guarda relación con la motivación por la cual se realiza – elaborado de manera más artesanal, con pegante, recortes y escrito a mano con altas dosis de ingenio y autenticidad. 

¿Qué caracteriza al fanzine en la actualidad? ¿todos los fanzines se terminan pareciendo? ¿esta perdiendo su chispa de autenticidad diluyéndose entre los intersticios de una nueva industria subeditorial? Sobre la caracterización me gustaría citar un aparte de la convocatoria Beca Fanzine – Laboratorio de Comunidad, de la Fundacion Gilberto Alzate, en 2019:

Fanzine es un vocablo de origen inglés que contrae las palabras fan (aficionado) y magazine (revista) siendo entoncesuna revista hecha y autoeditada por artistas alrededor de un temaLo que hace a un fanzine diferente de otro tipo de expresiones artísticas es que no se encasilla en una forma o estética en particular. Los hay de todos los tipos: como cartillas, como revistas, con técnicas semejantes al collage (recortar y pegar), digitales, impresos a través de técnicas como la risografía, a mano.”

La cita nos da unas pautas para contrastar la percepción que tienen las instituciones públicas sobre este tipo de publicaciones. Quiero señalar que se habla de los realizadores y realizadoras como artistas, etiqueta que puede condicionar el juicio sobre los resultados esperados de los mismos. También se identifica al fanzine como expresión artística, un indicio de la lente con la que es observado privilegiando la forma en que son realizados con ciertos aspectos de la gramática del dibujo, la pintura, el collage y la fotografía; pero el fanzine no es solo una expresión artística, en un medio, y como dijo McLuhan, The Medium is the Mess-age, el medio es la edad del desastre. Ese privilegio al medio más que el contenido que transporta, hace que los fanzines caigan en la trampa de la forma dejando al contenido al margen del mismo. En algún momento de la primera década del siglo XXI apareciera lo que se denominó “Fanzine Mostro”, compilaciones de dibujos de creaturas temáticas, más visuales que escriturales. También parece haber una autocensura por parte de algunas propuestas, pero afortunadamente en los últimos años el panorama esta cambiando.

Con el actual gobierno de derecha extrema, cuya envoltura democrática comenzó a desmoronarse con la emergencia sanitaria, ha servido como detonante para reactivar esa motivación contestataria. Durante este 2020 hemos visto la aparición de propuestas como Manual de Carroña, Isabel (proyecto ganador de la beca para proyectos editoriales independientes en artes plasticas), La Paz Necesidad Nacional (ganador de la copa América del fanzine), El Cortopunzante (órgano impreso del Instituto Bogotano De Corte), Léase a Plena Noche; Iniciativas que le han devuelto ese espíritu y carácter al fanzine, cuya calidad incluso es superior a la de las revistas convencionales que aguardan en los escaparates de supermercado a los incautos que aun les creen. Estamos ante un escenario atípico, pero altamente explotable para darle al fanzine un nuevo aire y hablar de aquello que esta en las calles, en la intimidad barrial, en la gente de a pie y en esos fenómenos culturales despreciados por la alta cultura.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Un viaje a los infiernos del imperialismo occidental: Apocalipsis Ahora ( Francis Ford Coppola, 1979)

 


Vietnam no fue solo una guerra más, se convirtió en uno de los traumas de una Norteamérica acostumbrada a ganar todas las contiendas, un duro golpe el ego de una potencia. Entre la maleza, los mosquitos y el calor se construyo una de sus historias fílmicas que retrato con una cruda retorica lo que represento esta guerra: Apocalipsis Now (Coppola, 1979).

Con una compleja producción – incluso se decía que Coppola escribía las escenas al día y que Marlon Brando no seguía las líneas, sino su propio guion- la trama nos presenta al capitán Benjamin Willard, quien lleva días en Saigón sin misión alguna, es llamado por el coronel Lucas (encarnado por Harrison Ford) y el general Corman (interpretado por G. D. Spradlin) para poner fin a las operaciones de uno de sus mejores hombres, el coronel Kurtz (magistral aparición de Marlon Brando), integrante de las fuerza especiales del ejercito que encuentra su propia senda y cuestiona a sus superiores, creando un culto a su figura en el corazón de la selva vietnamita. 

Para Willard, que comanda a un grupo de soldados entre los que se encuentra un famoso surfista, cada paso hacia Kurtz lo lleva a preguntarse el verdadero sentido de este conflicto, visto en cada escena como si fuese ese paso de Dante hacia el inframundo, para alcanzar la redención. Sin duda una dura crítica a la visión del mandato Johnson-Nixon, que va revelando en cada capa lo que escondía realmente esta guerra amparada en liberar a su gente de las garras del comunismo (algo que aun se resiste a desaparecer, sobre todo en un país como el nuestro que aun cree esos embustes de los dictadores encubiertos).

Dentro de la simbología explorada por el filme, encontramos una banda sonora que encaja a la perfección, sobre todo por ese inicio con la canción The End de The Doors, que acompaña el sobrevuelo de helicópteros lanzando bombas de napalm, el mismo que idolatra el teniente coronel Willam “Bill” Kilgore (interpretado por Robert Duvall) en el que asegura que: “me encanta el olor a napalm en la mañana”.  De igual manera otro momento memorable es cuando la Primera División de Caballería Aerotransportada bombardea un pequeño poblado a los compases de la Cabalgata de las Valquirias de Richard Wagner, a la usanza de la Luftwaffe al momento de instruir a sus cadetes. Pero sin duda todo esto converge en la obra de Joseph Conrad “El Corazón de las Tinieblas”, novela en la que el protagonista, Charlie Marlow, debe ir al corazón de África para encontrar y liberar al desaparecido Kurtz, el mejor hombre de la compañía de explotación de marfil, cuyas palabras finales son las mismas que pronuncia el capitán Willard: “¡El horror! ¡El horror!”. Un descenso a los infiernos que expresa esa visión imperialista occidental y un encuentro con la locura.

No había tenido la oportunidad de ver el filme completo y debo confesar que es magistral, sobre todo porque sigue esa línea de crónicas al estilo de Ernie Pike de Oesterheld o los famosos relatos de Blazing Combat. Muy recomendable y un testimonio del noveno arte sobre esta guerra de resistencia, este pulso entre potencias que solo dejo cicatrices que la historia intenta resanar, pero que en ultimas seguirá allí, latiendo en el inconsciente de esos hombres y mujeres que vieron el horror.  



lunes, 16 de noviembre de 2020

Auto tune y lencería: la apariencia que oculta la falta de talento.

 


La oferta musical ofrecida en los bares y cantinas populares de la ciudad nos muestran un panorama mas bien limitado en el que sus “artistas” lucen atractivas prendas que erotizan su cuerpo y voces que están lejos de ser naturales, más bien son producto de un sofisticado programa de computador que oculta los errores de registro vocal; en resumidas cuentas, importa mas la apariencia que la esencia, el talento no es innato es mas bien algorítmico.  

Andy Hildebrand, un geofísico y musico aficionado, desarrollo para la compañía Exxon complejos algoritmos para interpretar datos generados por una onda sísmica para encontrar depósitos subterráneos de petróleo. El giro particular es cuando Hildebrand descubre que su método para interpretar datos sísmicos podía ser usado para detectar, analizar y modificar el tono en los archivos de audio. La autocorrelación era la clave de su método y la industria musical consideraba que el uso de esta no era algo práctico debido al enorme esfuerzo computacional que se requería, pero Hildebrand encontró una manera simplificada que redujo casi un millón de multipply adds a solo cuatro. En 1996 se implementó el algoritmo en un computador personal Apple y presento el resultado en el National Association of Music Merchants (NAMN), hecho que se registra en el articulo “The Mathematical Genius of Auto Tune” de Zachary Crokett, fechado en septiembre 26 de 2016. Su primera aplicación seria la canción Believe, interpretada por Cher, una artista que huye al paso del tiempo, en la que se inyectan las modulaciones mecánicas de Auto-Tune de manera consciente, esto para exagerar la artificialidad de una corrección de tono abrupta.

Para el año 2000 el uso de Auto-Tune como efecto vocal se había propuralizado gracias al trabajo de T-Pain, artista de Rythim an Blues y Hip-Hop, que elabora el efecto haciendo un uso activo del Auto-Tune en sus canciones. El “efecto T-Pain” se convierte en un elemento habitual de la música, tanto asi hace parte de las aplicaciones de iPhone con la conocida “I Am T-Pain”. A esta lista se suman Kanye West y Lady Gaga; pero no todos lo aceptan, una canción de Jay Z de su álbum The Blueprint 3, Death of Auto-Tune, es una declaración de oposición a este artilugio digital. Pero otra historia es la nuestra, donde el Auto-Tune y la lencería han seducido a las jóvenes generaciones que no pueden disfrutar de una buena agria sin esas disonantes melodías de despecho, lujuria y muerte.

En el panorama de la música popular colombiana actual, la palabra “artista” puede carecer de sentido cuando quienes la usan no tienen mayor talento que decir burradas en las entrevistas, porque no pueden pensar fuera del guion, de un libreto a seguir. El denominado genero urbano, que alude al reggaetón, tiene varias canciones y artistas que usan estos actos de prestidigitación y teatralidad para seducir al ojo y al tímpano, que, al ser combinadas con las bebidas etílicas, producen una reacción en cadena que lleva a instalar estas tonadas en la mente a la manera un inception, implantan una idea natural que hace que esas rimas sean identificables con quienes las escuchan.  Así las cosas, nada mejor que un buen escote y un Auto-Tune para seguir fabricando ídolos de barro que se quiebran así mismos cuando se les quitan estos recursos. ¿Qué pasara entonces cuando estas vetas pierdan su efectividad? ¿Qué debemos esperar cuando la fiebre de lo retro y la conmemoración pierda su efecto? Estas y otras preguntas se resolverán conforme avance el tiempo, pero a corto plazo veremos un estancamiento de la cultura que requerirá de un giro copernicano para dar el siguiente paso hacia una nueva expresión.

 

 

jueves, 12 de noviembre de 2020

RESEÑA DE LA SEMANA: ALAN SMITHEE NO SALVO EL MUNDO

"Sí que hay géneros mejores que otros, y esos géneros son los que a ti te gustan. Ni más ni menos. ¿Te gusta la ciencia ficción? Perfecto. ¿Prefieres la novela romántica? Ningún problema. ¿Eres de los que sólo lees novelas existencialistas? ¡Por qué no! La literatura es un juego entre el escritor y el lector. Un juego a distancia con una serie de reglas tácitas que todos conocemos. La primera y principal es el entretenimiento. Luego ya podemos hablar de arte, de calidad literaria, y nos podemos poner todo lo sesudos que queramos. Pero si una lectura no te entretiene, difícilmente te hará reflexionar, fantasear, cambiar tus puntos de vista… Porque cerrarás el libro y se acabó. Yo soy escritor porque siento la necesidad de contar historias y me gustaría que tú, como lector, compartas el amor por ellas.”

Sergi Alvarez

Mucho gusto querido lector o querida lectora, he de presentarme formalmente: soy Ficciorama, una suerte de aspirante a escritor con algunas nociones de diseño y un amante total de la ciencia ficción, los comics, las películas, las series y las anomalías sonoras; al que ocasionalmente llaman por su nombre de pila Boris. ¿Tienen al menos unos minutos para hablar (leer) sobre el hombre que no salvo el mundo? Tomare eso como un sí. Quiero hablarles de Alan Smithee, un rara avis del mundillo literario Pulp, conocido entre otras novelas por Gordon Flash en el planeta de las amazonas, Gronan contra Barbarella y Los Mitos de GluGlu. ¿Nunca habían escuchado de él? Vaya, esto va a tomar varias líneas, pero prefiero dejarlo para otra ocasión, lo que nos ocupa aquí es por qué Alan Smithee no salvo el mundo.

“La mayoría de escritores pasamos por la vida como espectadores, mirones furtivos, vampiros emocionales. Usamos todo lo que se nos pone a tiro y lo convertimos en un drama, en una parodia exagerada de la realidad en un cliché de película clásica en blanco y negro.” (Smithee, 2020). Conocí a Smithee por intermedio de Sergi Álvarez en una convención de comic en Barcelona. Alvarez, al ver mi entusiasmo por las rarezas narrativas, me paso un ejemplar de Abogados de metal y las leyes de la robótica de la extinta Editorial R.U.R, databa de 1997, y recuerdo que en bien llegué al hotel comencé a leerla y la verdad me pareció un giro de tuerca a Asimov y a Kapeck. Pregunte a Sergi por el resto de los libros, a lo que generosamente me compartió los pdf, para satisfacer mi apetito narrativo – suelo ser así con los autores que me gustan, en especial con Philip K. Dick – el caso es que no podía esperar a ver cuál sería su nueva incursión literaria.

Hace unos días recibí una llamada muy extraña. El interlocutor se hacía llamar Totoptero y, usando un distorsionador de voz, me indico que a mi apartamento llegaría un paquete con un sello de una editorial, Vestigio creo que era, el cual contiene el manuscrito inédito de la ultima obra de Alan Smithee. Durante los días siguientes no pude conciliar el sueño, la expectativa y la ansiedad lograron alterar mi rutina. Una tarde, después del almuerzo y mientras bebía mi tinto de sobremesa, el paquete llego. “¡Un abrazo, Ficci!” expresaba una frase junto al sello de la editorial. Luego de una desinfección y de seguir los protocolos pandémicos lo destape y mi alegría fue tal que mi expresión quedo congelada por unos cuantos minutos. En la portada aparecía un bicho similar al que aparecía en la película Gremlins (1984), esa clase de pelis que ves canaleando cuando intentas matar el tiempo antes que este te mate a ti de aburrimiento. Las ilustraciones estaban a cargo de Juan Sebastian Jimenez Baron, un trabajo de línea y tonos extraordinarios, a la altura del relato y de la semblanza de Smithee, sobre todo la postal donde el bicho tiene la cubeta de maíz pira en la cabeza. ¿Qué tampoco conoces a Juan Sebastián? Que les puedo decir además de que es un tatuador y un melómano de los sonidos de la buena música aprobada por el mismo satan, tiene una línea extraordinaria y muy contrastada. Muy recomendado. Pero no nos desviemos del tema: ¿Por qué Alan Smithee no salvo el mundo?

“Ningún héroe se convierte en escritor, y ningún escritor tiene madera de héroe.” (Smithee, 2020) Creo que el mismo Smithee ya nos responde con esta máxima por que no salvara el mundo. El asunto es que aprendí con los años, y unas cuantas amistades quebrantadas, que no es bueno contar toda la historia hasta el final, es mejor hacer algo parecido a una aproximación de los elementos que aborda el relato y asi antojar a los futuros lectores y las futuras lectoras. Así las cosas, Smithee lleva una vida como la de cualquier mortal: dormir, laburar, comer y ocasionalmente coger. El asunto es que a su esposa se le ha despertado dl chip maternal y quiere tener decendencia, un problema en estos convulsos tiempos, pero que se podría solucionar con una mascota, ¡claro que sí! Un gatito o un perrito serian el distractor ideal, pero, ¿Dónde conseguir un perrito que no cueste mas de 15 euros? Complicado, pero si hay un mercado chino no seria problema. Sin embargo, una cosa lleva a la otra: ingresar a un misterioso mercado chino, hablar con un dueño que tiene alzhéimer, ver animales que superar el máximo índice del rarocosometro y finalmente ver una caja labrada con extrañas marcas primigenias. En serio, acá ya empieza lo más raro.

¿quieres que te siga contando? No, no puedo más, mi contrato de confidencialidad suscrito con Totoptero me lo impide, además le quitaría el bouquet al relato. Si te puedo adelantar que es una obra llena de mucha acción trepidante, algo de film noir (además aparece Humprey Bogart), algo de Lovecraft y muchos pastiches, perdón, homenajes a los grandes clásicos de la ciencia ficción, no hay que perder de vista el remake de Blanca Nieves y los Siete samuráis, un cruce de cuento de hadas con kurosawa (ya lo quiero ver en algun portal de pelis guarras online). Sin duda el epilogo los dejara sin aliento y con una sensación de reír a costa de la desgracia ajena. El trabajo del editor Diego Cepeda es absolutamente magistral y solo me resta decirles ¿Qué esperan, una invitación? Pues no se diga más, adquieran ya esta gran novela.

martes, 10 de noviembre de 2020

EDITOTIAL 107 El extraño caso de Charles Machet Ward

 


Charles Machet Ward, seudónimo de Efraim Rajir Adlercretuz (1984-2001), fue un notorio y poco conocido escritor que retrato esa Cartagena de los umbrales que se esconde más allá de la torre del reloj y el mercado de Bazurto. Admirador de la obra de Howard Philips Lovecraft, presento para la clase de filosofía el mítico ensayo que revelo al mundo el fenómeno cultural de la champeta: “El Sonido que Cayo del Cielo”. El escrito comienza con estas líneas: “Al Oeste de Yellow Hell City los conjuntos se yerguen selváticos, y hay viviendas con profundas cañerías en las cuales no ha resonado nunca el ruido de una champeta. Hay angostas y oscuras cañadas donde los residentes se inclinan fantásticamente, y donde discurren estrechos callejones que nunca han captado el reflejo de la luz del sol. En las laderas menos agrestes hay casas de labor, antiguas y rocosas, con edificaciones cubiertas de musgo, rumiando eternamente en los misterios de Chambaku; pero todas ellas están ahora vacías, con las amplias chimeneas desmoronándose y las paredes pandeándose debajo de los techos a la cartagenera.” Publicado por entregas en el semanario La Verdad, muchos cuestionaron la veracidad de Machet y los ciudadanos ilustres movieron sus influencias para acallar lo que revelaba Machet y la futura cultura picotera.

La Champeta es un sincretismo de varias expresiones musicales:  africana, música terapia, el sukkur y la música antillana; que era escuchada bajo el radar en Chambaku, un barrio de invasión en el que sus habitantes tenían un pequeño refugio que los ocultaba de los poderosos, quienes usaban la prensa local para hacer un llamado a oponerse a este aterrador sonido que podría dañar a la sociedad y convertirla en champetudos, pandilleros con cuchillos grandes practicando la danza de la muerte a cada toque de la batería y el riff de la guitarra. La palabra champeta hace alusión a un cuchillo grande, una machetilla, usada como apelativo puesto por la elite económica para menospreciar a esta expresión cultural, asociándola a elementos vulgares, pobreza y negritud.

Machet también fue conocido como un devoto creyente de la religión Vudú y de los espíritus Loa, en especial de Papa Legba. Cuando se revelo esto a la comunidad fue proscrito y tuvo que exiliarse de la región y migrar a la capital. Fue adoptado por el profesor Elias Bornov, quien le enseño el resto de la obra de Lovecratf, de Machen, Chambers y Lord Dunsany. Este descubrimiento le llevo a expandir su obra. “El Sonido que Cayo del Cielo” fue publicado por la pequeña editorial Mireaver y gano el premio Rottenheimmer al mejor ensayo social en 1997. Gracias a este documento fue que en la capital se conoció a El Sayayin, Charles King, El Rey de Rocha, los equipos picoteros y la obra grafica de El Runner, el principal artista del cartel picotero.  Así las cosas, esta edición será dedicada a este fenómeno cultural que representa toda una forma de resistencia e identidad que sirve a modo de documento, una forma de comprender y revelar la historia oculta de la heroica.

martes, 27 de octubre de 2020

Editotial 106: De esta noche no pasa, el vampiro ya no recibe sangre

 

Ilustracion de Alberto Breccia / Dracula, Dracul, Vlad, Bah


El diagnostico no es alentador. El paciente ingreso a urgencias con un cuadro de anemia ferrosa. Su palidez habitual contrastaba con las sabanas y cortinas de bioseguridad puestas en la habitación. Recibió más de una treintena de trasfusiones y su organismo las rechaza. Los exámenes arrojan cifras lamentables en la producción de glóbulos rojos. Es probable que todo tenga que ver con su baja credibilidad, ya nadie cree en vampiros. En sus inicios, en la región de los Cárpatos, su influencia en los pueblerinos de Hungría le daba la fuerza necesaria para ser conocido, pero esto no le basto, quería probar las mieles de la popularidad, tener un lugar entre los ilustres que infundieron el miedo e instalaron la creencia de su inmortalidad.

Obsesionado con hacer parte de las ficciones del nuevo siglo, firmo un pacto que le haría popular. Podía ser conjurado por la pluma de sus creyentes y detractores, aparecer en múltiples medios y plataformas, convertirse en una celebridad y que su nombre fuese recordado hasta el fin de los tiempos; pero el costo sería alto: su esencia como criatura de la noche se iría diluyendo hasta perderse en las dunas de la ficción.

Recuerdo que esta alianza comenzó con El Vampiro, escrito por John William Polidori en 1816, aquel año sin verano en Ginebra, en el que nos presentaba a Lord Ruthven, un hombre de misterioso origen proveniente de la Europa central que busca hacerse a un lugar en la nobleza de Londres. Es entonces cuando Ruthven conoce a Aubrey, quien queda impactado con el enigmático lord al que luego intenta desenmascarar y revelar su esencia: un no muerto que se alimenta de la sangre de los vivos. Otros, motivados por Polidori, decidieron conjurarlo dotándolo de diversas habilidades y dones sobrenaturales, en especial de seducción, control e influencia en las personas.

Bram Stoker, Sheridan Le Fanou, Guy de Maupassant, Horacio Quiroga, Richard Matheson, Colin Wilson, Anne Rice y Stephen King; entre otros, han revisitado a esta criatura de los Cárpatos y sus alter egos para tratar de revivir, ya sea inyectando más sangre o con reanimación cardio-vascular, la esencia del vampiro y seguir perpetuando su legado. La cuestión es que, así como vive el vampiro también vive su cazador, la estirpe de Van Helsing también ha encontrado nuevos seguidores en el salvador de la humanidad, Jesucristo, que decidió cazarlos. O al mítico luchador El Santo que enfrentó a sus doncellas vampiro, que por cuestión de check-in llegaron a México y no a Nueva Orleans. Ni que decir de los cazadores de Vampiros que se toparon con su estirpe marciana.

En esta entrega hablaremos del vampiro como metáfora que argumenta el funcionamiento del sistema económico, también como protagonista de historias ciberpunk y de haber sido parte de una iniciativa del Führer para crear un ejército de vampiros con el Vampyr Sturm. ¿Fue un error haber aceptado ese trato? ¿realmente beneficio todo este esfuerzo al mito del vampiro? O por el contrario ¿el mito del vampiro asiste a su desaparición sustituido por otros mitos modernos como slenderman o el chupacabras? Preguntas que solo nos dejan en la incertidumbre, pero, como toda ficción, el vampiro nos seguirá acompañando así ya no le tema a la luz del sol, al ajo y ya pueda ver su diseño de sonrisa en el espejo.

Att

Ficciorama / Octubre de 2020

miércoles, 14 de octubre de 2020

¿Combatir nazis Inter dimensionales o enfrentar la ira de contabilidad?: una reseña de El Archivo de Atrocidades de Charles Stross


En mi niñez y adolescencia veía las películas de James Bond, influenciado por mi padre (un amante de este tipo de historias) el agente secreto al servicio de su majestad con licencia para matar, que viajaba por el mundo; pedía dry Martini, agitado, no removido; conducía un Aston-Martin y usaba una Beretta 418 como arma de defensa. El primer Bond, Sean Connery, encarna el arquetipo que Ian Flemming (1908-1964) describía en aquellas novelas que escribió tras jubilarse del servicio secreto, que inicio con Casino Royale (1953) y que despertó ese espía que todos y todas llevamos dentro (no hay que olvidar también a Modesty Blaise, un comic donde conocemos a la mejor agente secreta de los años sesenta). Sin duda ese fascinante mundo de la guerra fría, el espionaje y las intrigas de dominación global parece haber decaido con el paso del tiempo, pero, cuando lei El Archivo de Atrocidades del genial Charles Stross mi percepción cambio.

Ya habíamos hablado de Stross con su novela La Casa de Cristal (2007), aquí conocí el trabajo en la prosa de este programador y farmacéutico de profesión, en la que ponía sobre la mesa los ingredientes del cyberpunk de Neal Stephenson y las premisas de Philip K. Dick. Fue entonces que leyendo la biografía que incluye la novela, señalaba también la serie de Los Archivos de la Lavandería, iniciada en 2004 con el El Archivo de Atrocidades y que este año va por su decimo tercera entrega con Dead Lies Dreaming (2020). ¿Qué tiene que ver James Bond con La Lavandería? En que son parte del género de espías que Stross renueva al incluirle algo de principios matemáticos, teoría del caos, seres lovecraftianos y una alta carga de burocracia al mejor estilo de la Guía del Autoestopista Galáctico de Adams. En este caso el protagonista es Robert Howard, un geek reclutado a su pesar para trabajar en La Lavandería, una de las agencias ultrasecretas del gobierno británico encargada de proteger nuestro mundo de todo tipo de seres de pesadilla, dedicándose al mantenimiento de sistemas informáticos. Un buen día todo cambio al conseguir un ascenso. Toma grandes cantidades de café, agitado, no removido, gusta de ver programas geek, se mueve en taxi o en metro y sin duda tiene licencia para encadenar demonios y otros seres al mas allá.

En su nuevo puesto Bob enfrentara a ciertas amenazas como portales al inframundo, demonios menores, portales a otros mundos extraídos del Castillo Wolfstein; entre otras cosas que puedan imaginar. Además de estas inminencias también está la división de contabilidad y el control de los viáticos para cada misión, si Bob se desfasa tendrá una auditoria que le haría desear mil veces enfrentarse al horror de Dunwich. Si, la obra de Lovecraft tiene un gran peso en esta novela. Gracias al trabajo de la Editorial Insólita y la genial traducción de Blanca Rodríguez y Antonio Rivas, hacen de esta primera entrega en español un gran deleite para los amantes del weird, la ciencia ficción y el espionaje astral. Una excelente novela, muy divertida, inteligente y llena de muchas referencias a la cultura pop. Recomendado de la semana.  

EL PRECIO DE LA INMORTALIDAD



Un espadachín entra a un confesionario. El padre que lo confesara también fue un espadachín, sostiene con fuerza una biblia, de ella extraerá algo de luz para el espadachín arrepentido por haber matado a cien samuráis. Un disparo en la frente parece que acabara con su tormento, pero no es así. El espadachín vuelve a levantarse, en su frente emergen lo que parecen unos gusanos y le reconstruyen el tejido, el dolor es intenso en él y, en respuesta a la plegaria del padre, este le da un pase al otro mundo con una de sus filosas armas. Así comienza la fascinante y visceral historia de Mugen no Jūnin (El habitante del infinito) mejor conocida como Blade of the Immortal obra del mangaka Hiroaki Samura.


Publicado desde 1994 en las páginas de Afternoon KC, una revista antológica de la editorial Kodansha, hasta su finalización en 2012, este relato nos ofrece una reflexión sobre la lealtad, el honor, la justicia, el deber y la guerra; en todo esto la inmortalidad del protagonista principal, Manji (palabra que designa la cruz gamada en la tradición budista) se convierte en el catalizador de las motivaciones de varios de sus contendientes. Para Manji, un ronin tras haberse enfrentado al shogunato y haber matado a esos cien samuráis, entre ellos al esposo de su hermana, la inmortalidad es un castigo del cual se quiere librar. Para ello acude en busca de una anciana de 800 años que le indica que, para ser mortal de nuevo, debe matar a mil hombres malos. Si bien el trabajo del samurái es defender a su lord feudal poniendo su vida en riesgo, ¿Qué ocurre cuando ese lord y su sequito traicionan el camino de la espada corrompidos por la avaricia? Para Manji el significado del bien es casi tan difuso, por lo que necesita una verdadera motivación para emprender tal compromiso. Es en ese punto cuando conoce e Rin Asano, una joven que vio morir a sus padres a manos del líder del Itto-Ryu, Kagehisa Anotsu, a causa de la unificación de las escuelas de esgrima bajo el código de Anotsu.



Rin quiere vengar la muerte de sus padres y requiere de un guardaespaldas honorable. Es entonces cuando sus destinos se cruzan y comienzan este periplo en busca de redención donde el dilema moral del bien y del mal se complejiza en razón a los múltiples puntos de vista que vamos conociendo a medida que avanzamos en las excelsas viñetas dibujadas con magistral versatilidad por Samura, otorgando una estetización del gore que puede llegar a producir fuertes reacciones en sus lectores, y que sin duda se adelanta a lo que hará después George R.R. Martin en Canción de Fuego y Hielo: Todos mueren. Cada encuentro que tendrá Manji le enseñara el verdadero valor de su motivación como espadachín, en especial cuando se trata de proteger a Rin, al mismo tiempo que sus rivales confrontan su matriz moral en busca del equilibrio.



Una obra muy recomendada para los y las amantes de estas historias ambientadas en le era Edo, en especial por la cosmovisión y motivaciones de sus personajes. El estilo grafico de Hiroaki Samura, que combina hábilmente el trazo del lápiz grafito, la plumilla y el pincel acorde a la atmosfera deseada, es sencillamente impecable. Además de la amplia gama de símbolos que vamos conociendo desde la marca del kimono de Manji y otros mas que van surgiendo por el camino. En 2019 la plataforma de streaming Amazon Prime, lanzo la adaptación anime de esta obra y para quienes no han leído la obra se convierte en un buen referente de los acontecimientos que llevan a Manji y Rin en ese escabroso camino de la venganza y la redención, que finalizo en 2020 con el episodio 24.

Para quienes estén interesados o interesadas en hacerse a los ejemplares impresos, actualmente Panini Comics México  la está editando desde 2018 y a nuestro país han llegado al quinto tomo, y los pueden encontrar en la tienda de Spooky House.  

 

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