sábado, 22 de agosto de 2026

The Deuce: Anatomía de una ciudad que desaparece

Nueva York, 2019.

Un hombre que lleva a cuestas el peso de los años deambula por las concurridas calles de la ciudad que nunca duerme. Sus pasos parecen recorrer una vida hecha de bares, proxenetas, pornografía, redadas y corrupción; espectros de un pasado que todavía lo persiguen. De pronto, entre la multitud, aparece un hombre parecido a él, pero mucho más joven. Lo acompaña hasta la entrada del metro y desaparece, como si aquella ciudad también estuviera despidiéndose de la persona que alguna vez fue.

Lo que acabamos de describir corresponde a las escenas finales de The Deuce, serie creada por David Simon y George Pelecanos y protagonizada, entre otros, por James Franco y Maggie Gyllenhaal. La serie nos conduce por el Nueva York de los años setenta y los primeros años de los ochenta para narrar la transformación de una ciudad a través de sus márgenes: la prostitución, la industria pornográfica, los bares, las salas recreativas, las drogas, la especulación inmobiliaria y la corrupción policial y política.

Pero The Deuce no es únicamente una serie sobre el nacimiento de la industria del porno. Su verdadero interés está en mostrar cómo una ciudad produce determinadas formas de vida y, al mismo tiempo, cómo termina devorándolas. Lo que comienza como una economía marginal instalada alrededor de la calle 42 y Times Square irá convirtiéndose progresivamente en una industria, mientras el territorio que la hizo posible también comienza a desaparecer.

En ese sentido, el viaje temporal de The Deuce puede leerse como una historia de transformación urbana. La Nueva York sucia, nocturna y peligrosa de los setenta será progresivamente reemplazada por otra ciudad, más limpia, regulada y rentable. El proceso de gentrificación no aparece entonces como un acontecimiento repentino, sino como una operación lenta de sustitución: desaparecen los negocios, los personajes y las formas de habitar la ciudad que alguna vez parecían inseparables de ella.

Por eso resulta tan significativa la escena final. El hombre que camina por Nueva York no solamente está recorriendo un espacio físico: está atravesando los restos de una época. Su encuentro con aquel doble joven parece condensar toda la serie en una imagen: el presente se encuentra con su propio pasado y descubre que ya no puede regresar a él.

Los personajes de The Deuce funcionan como piezas de una maquinaria mucho más grande que ellos mismos. Vincent y Frankie Martino, interpretados por James Franco, representan la posibilidad de habitar simultáneamente dos mundos: el de los negocios aparentemente legales y el de las estructuras criminales que controlan buena parte de Times Square. A su alrededor aparecen proxenetas como Larry Brown y C.C., mafiosos como Rudy Pipilo, policías como Chris Alston, trabajadores como Bobby Dwyer y personajes que intentan construir una vida diferente en medio de aquel territorio, como Paul Hendrickson y Sandra Washington.

Pero quizá sea en los personajes femeninos donde la serie encuentra una de sus mayores fuerzas. Eileen “Candy” Merrell, Lori y Darlene permiten observar distintas posiciones dentro de la prostitución y la naciente industria pornográfica. Candy, especialmente, comprende que el negocio está cambiando y que detrás de la explotación callejera está apareciendo una industria capaz de convertir el deseo en una mercancía mucho más sofisticada. Su recorrido resulta fundamental porque no se limita a mostrar a una mujer atrapada dentro de un sistema: muestra también a alguien que intenta apropiarse de sus mecanismos para construir una forma de autonomía.

Lo interesante es que ninguno de estos personajes existe de manera aislada. Sus historias se cruzan constantemente y cada encuentro revela una nueva conexión entre prostitución, pornografía, mafia, policía, construcción, periodismo y transformación urbana. La serie construye así una especie de cartografía humana de Times Square: cada personaje ocupa una posición dentro de un sistema económico que parece ofrecer oportunidades mientras, al mismo tiempo, establece los límites de aquello que cada uno puede llegar a ser.

Por eso The Deuce no necesita convertir a sus personajes en héroes o villanos. La mayoría son, en mayor o menor medida, habitantes de una ciudad que está cambiando debajo de sus pies. Algunos consiguen adaptarse, otros intentan escapar y otros terminan siendo absorbidos por las mismas estructuras que alguna vez les permitieron sobrevivir. Los sucesivos cruces van creando un tejido cada vez más complejo, hasta que la ciudad termina comportándose como otro personaje: una criatura que fagocita a quienes la habitan, los transforma y finalmente los expulsa. Y, como ocurre con cualquier proceso de transformación urbana, no todos viven lo suficiente para contar la historia.

No hay comentarios:

The Deuce: Anatomía de una ciudad que desaparece

Nueva York, 2019. Un hombre que lleva a cuestas el peso de los años deambula por las concurridas calles de la ciudad que nunca duerme. Sus...