jueves, 3 de marzo de 2016

Editotial n 60: Cabalgando la corriente binaria

En un momento en el que los excombatientes de Vietnam se convirtieron en fichas de la onírica fabrica de celuloide  y los vaqueros cabalgaban praderas de nicotina, la realidad  y la ilusión comenzaron a resquebrajarse. Las fisuras creadas por este proceso revelan como los deseos, ilusiones y memorias trucadas que, como lo señala Larry McCaffery en su introducción del libro Storming the Reality Studio, han creado nuevas áreas de experiencia sensorial, comenzaron a alterar nuestra percepción, la relación espacio-tiempo y nuestra identidad. Parece entonces que lo real padece los síntomas de la obsolescencia programada  y nos hace mas vulnerables  a caer en la adicción a consumir y ser alienado por el espectáculo, la ilusión, la imagen trucada; por la teatralidad y la presdigitación de la era digital.

El ensayo de Timothy Leary "The cyberpunk: the individual as Reality pilot" afirma que en cada época se produce un nombre y una leyenda heroica para el fuerte y creativo individuo que explora alguna frontera del futuro, colecta y recupera nueva información, y nos ofrece una guía al gene pool hacia la próxima etapa. La coyuntura dada por la informática, la cibernética y la reflexión sobre la posmodernidad impacta notoriamente a la ciencia ficción produciendo, como efecto colateral, un nombre que designo el movimiento contracultural que agito la vetusta ciencia ficción de la edad de oro: el cyberpunk.

Algunas ediciones atrás, la 48 para ser exactos, se hablo de William Gibson, una de las figuras seminales de esa casta de individuos temerarios, creativos e innovadores. Neuromante, opera prima de Gibson, marco la pauta de esta nueva propuesta literaria. Sin duda Gibson requirió cierto bagaje literario para decantarlo en ese tejido barroco que entrelaza hackers, corporaciones, implantes, espionaje e inteligencias artificiales.

 Dicho bagaje incorpora los intrincados Cut-ups de William Burroughs, el noir de Dashiel Hammet, las líricas de Lou Reed, los implantes de Mary Shelley y la reflexión posmoderna de  Lyotard.  En este punto mi interés no esta en seguir legitimando el presente y futuro del cyberpunk, esta mas bien en su génesis, su proto-inicio. Desde Alfred Bester y su famosa Tigre, Tigre, pasando por el gran Philip K. Dick y sus sueños sobre ovejas eléctricas, ambas citadas como influencia narrativa,  estas semillas fueron germinando con John Brunner y el jinete de la onda de choque, Margaret Atwood, James Typtree, entre otros. Estos prometeos brindaron la chispa que requería la CF para revitalizarse.


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