lunes, 16 de noviembre de 2015

MIRATE MAX, QUE DESASTRE




Quien hubiese imaginado que un desconocido australiano, que había salido de una riña puñetera para acompañar a ese actor al casting, un tal Mel Gibson, fuese digno de encarnarte. George Miller, otro australiano de esos que produce, escribe y dirige, soñó un guerrero del asfalto, un cazafortunas de alto octanaje, con un vehículo de persecución modificado que siempre es robado al iniciar cada película, en verdad ¿por qué tu vehículo tiene que sufrir los improperios de esa patología moderna del robo? Bueno, que diablos, estamos en un mundo post-apocalíptico: el petróleo escasea, la energía nuclear hace lo suyo, los prados han mudado y se han convertido en desiertos y dunas, no que decir del calor, mas abrasivo e inclemente que antes.

Tu leyenda crece con el paso del tiempo, ha sido contada por varias voces: la del salvaje niño con el bumerang, la de Gyro Captain, la de imperator furiosa y la reina del Thunderdome. Cada uno de su versión, su testimonio, que de alguna forma prueba tu existencia. Te has enfrentado a Nightrider, Humungous, al maestro golpeador y a Inmortan Joe; a cada uno le has dado su merecido, pero no es por un código moral, lo haces por que te da mas gasolina para proseguir tu marcha, tu infinita marcha en busca de redención.

Max, alguna vez fuiste parte de un sistema, representaste una institución, eras la ley. No puedo culparte, te arrebataron lo que querías: tu esposa y tu hijo; ante eso es natural pero no justificable tu acción. Cuando el mundo colapso, las viejas reglas y códigos quedaron en el pasado, ahora solo hay una regla: vencer o morir. Max eres el vestigio de un mundo en pena, un mundo que requería un cambio, pero no el que le dieron; vives una distopía de diesel y mucho punk de escaparate. 

Revivirás en los miles de recuerdos que tienen los espectadores de tus andanzas, tus millas recorridas y tu pastor ganadero australiano que te cedió sus raciones de comida.

Un símbolo cinematográfico de los tiempos del dieselpunk y las distopías ecologistas. Un avatar de aquellos años ochenta que vuelven a ver la luz cuando tus contemporáneos han alcanzado la mayoría de edad, ergo su poder adquisitivo pide a gritos tu presencia para mantener su nostalgia a flote. No siendo mas mi buen guerrero de la carretera, una vez el interceptor Rockatansky, te dejo, guarda o tira esta carta, quémala en una bomba molotov o límpiate el trasero, es tan solo un montón de palabras, pero es mi mas sentido homenaje a tu recuerdo. Gracias por salvar mi infancia.

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