En 1960 el director Ishiro Honda, reconocido como el cineasta
de origen japones de mayor éxito y creador del cine takosatsu (cine de catástrofes),
da vida al guion de Takeshi Kimura, colaborador frecuente de Honda, para llevar
a la gran pantalla la tercera y última entrega de la serie Transforming Human Human
Vapor, que inicia con The H-Man (1958) y The Secreto f the Telegian (1960). La
trama inicia con el detective Okamoto que mientras investiga un misterioso robo bancario,
se encuentra con la bailarina Fujichiyo
Kasuga y su sirviente, Jiya. La novia de Okamoto, la periodista Kyoko Kono,
también comienza a investigar el caso. Poco después, otro banco es asaltado; el
culpable elude misteriosamente todas las medidas de seguridad, sobrevive a los
disparos de un policía y mata al agente y a un empleado antes de desaparecer.
Como un eco de la novela de H.G Wells El
Hombre Invisible, la historia de Kimura sigue al etéreo antihéroe mientras
explota sus recién descubiertos poderes para cometer robos a bancos, utilizando
las ganancias para financiar la carrera de bailarina de su amante,
Fujichiyo (Yachigusa), mientras evade al detective Okamoto (Mihashi) y enfrenta
el precio moral de sus poderes.
El productor Tomoyuki Tanaka encargó a Kimura la adaptación de una historia de John Meredyth Lucas. Kimura creó un guion lleno de suspense que reflejaba la agitación del Japón de 1960, incluyendo las protestas de Anpo y los sonados robos a bancos. Honda se unió al proyecto después de que Toho cancelara su drama sobre aviación, Today I Am in the Skies. Al considerar la película como una tragedia moderna de shinjū en la tradición de Chikamatsu Monzaemon , dirigió con una atención íntima. La fotografía principal se realizó principalmente en los estudios Toho, con escenas exteriores filmadas en la sede del Banco de Japón y la Biblioteca Nacional de la Dieta. Durante la posproducción, Tsuburaya dirigió los efectos especiales, utilizando sistemas de cables, vapor de hielo seco y composición óptica.
46 años después Human Vapor regresa como
serie para la plataforma Netflix, una coproducción japoneas-surcoreana escrita
por Yeon Sang-Ho y Ryu Yong-Jae, dirigida por Shino Katayama. La premisa cambia
notoriamente. Un hombre misterioso, capaz de transformarse en gas,
aparece y se hace llamar "el Vapor Humano". El Vapor Humano asesina a
un profesor en directo por televisión y anuncia su intención de matar a todos
los miembros de una organización llamada "el Centro Blanco". El
detective Kenji Okamoto es el encargado de investigar los asesinatos. Mientras
tanto, la exnovia de Kenji, Kyoko Kono, lleva a cabo su propia investigación
sobre la conexión de la Sala Blanca con el impacto de un meteorito ocurrido 27
años atrás y la limpieza del lugar contaminado. Kyoko y Kenji se cruzan en sus
investigaciones mientras desentrañan la conspiración.
En la película original, Mizuno no es un superhéroe ni un
villano. Es un hombre que ha sido alterado por la ciencia y cuya anomalía lo
condena a existir fuera de la sociedad. Su capacidad de convertirse en vapor es
menos un poder que una maldición. Honda, influido por el shinjū de
Chikamatsu, construye una historia donde el verdadero conflicto no reside en
detener al criminal, sino en observar cómo el amor conduce inevitablemente a la
autodestrucción.
Los monstruos de Honda no son invasores absolutos; son
heridas abiertas por la modernidad. Godzilla nace de la bomba atómica; el
Hombre H de la radiación; el Hombre de Vapor del progreso científico convertido
en accidente. Todos son víctimas antes que enemigos.
Yeon Sang-ho prácticamente elimina el melodrama romántico
para convertir el relato en un thriller de conspiración. El Vapor Humano ya no
roba bancos para sostener el sueño artístico de una mujer. Ahora asesina
públicamente a miembros de una organización secreta y utiliza los medios de
comunicación como escenario político. No se teme al laboratorio, sino al
gobierno, a las corporaciones y a las organizaciones que ocultan información.
La transformación del personaje refleja una transición que
atraviesa buena parte de la ciencia ficción contemporánea. El monstruo deja de
ser el producto involuntario del progreso para convertirse en el síntoma de una
verdad que alguien intenta ocultar.
La serie de Netflix no pretende competir con la película de
Honda ni reproducirla plano por plano. Su interés radica precisamente en
comprender que los monstruos sobreviven únicamente cuando cambian de forma. El
Hombre de Vapor de 1960 era la expresión de una sociedad que intentaba
reconciliarse con las consecuencias del desarrollo científico y las heridas de
la posguerra; el de Yeon Sang-ho pertenece a un mundo donde el miedo ya no
proviene del experimento fallido, sino de las instituciones que administran la
verdad y de las redes invisibles que organizan la información. Ambos personajes
siguen siendo trágicos, pero su tragedia ya no es la misma. Uno se desvanece
porque ha perdido su cuerpo; el otro porque la realidad misma se ha vuelto
vaporosa.
En ese tránsito se encuentra la verdadera fuerza de la
adaptación. Más que actualizar un clásico del tokusatsu, la serie demuestra que algunos
monstruos no envejecen: simplemente condensan, una y otra vez, los temores de
cada época.
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