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Imagen cortesia de ImagenPalabra 7 |
A propósito de la séptima versión
del salón de Ilustración ImagenPalabra, iniciativa liderada por un ecléctico
grupo integrado por varios colectivos de ilustradores colombianos, es bueno
hacer un estado del arte con el animo de visibilizar las tensiones de un campo
en expansión, no se trata de establecer lo que es de lo que no es, al
contrario, la ilustración converge
con una multiplicidad de gramáticas visuales, plataformas, soportes y
temáticas.
Tratar de definir la ilustración
resulta tan complejo y definitivamente descabellado como definir una
fantasmagoría. De algún modo nuestra cultura, siguiendo la línea de Sartre, ha
capturado y encarcelado un imaginario de la ilustración que se ha distorsionado
a razón de los diversos campos de producción que la requieren. Si bien somos
los herederos de Durero, la ilustración se ha desbordado revelando su
poliédrica naturaleza que no se puede encarcelar en un ejercicio técnico, la
técnica es solo uno de sus componentes mas no el último.
Situándome en ese lugar de frontera
entre ser consumidor, productor y docente; puedo afirmar que cada vez la
ilustración se expande en temáticas, técnicas, relatos y formas de ser y hacer
ilustración. Hacer un buen dibujo no te convierte tampoco en ilustrador, esto
se suma a la técnica que siguen siendo componentes que atraen la atención del
ojo. Una ilustración requiere tener la capacidad de narrar, de explotar los
conceptos, las figuras retóricas, unos personajes y atmósferas que nos ayuden a
sumergir en esa opinión, esa postura que tiene el ilustrador frente al encargo
que resuelve. Muchas veces se cree que el ilustrador es solo un mecanismo para
hacer tangible el precario imaginario prestado de un contratista famélico, bajo
en nutrientes conceptuales y alto en grasas globalizadas.
Para este año la enorme muestra
evidencia tensiones que validan y reconfiguran la comprensión de esta categoría
que oscila entre oficio, campo y disciplina. Al ver los trabajos puedo
identificar tres núcleos particulares: ejercicios de técnica, caza-imaginarios y relatos visuales. En
cuanto al primero pude ver trabajos que en verdad eran un grandilocuente do de
pecho que indica el virtuosismo de quien lo realiza: pinceles digitales,
tintas, color, ecolines. La segunda se asocia con esas imágenes que ya han sido
vistas y se remasterizan con un cambio sutil de atmosfera o de elementos que
circundan la imagen, en estos tiempos tan hipervisuales encontrar nuevos
imaginarios se hace una labor altamente fatigante. La última, relatos visuales,
nos muestra unos personajes que desarrollan unas acciones en un mundo que no
siempre es el real, por el contrario se trata de engañar a los sentidos para
que edifiquen una realidad que permita alimentar la pobre imaginación de
nuestros días.
El punto es, que en algunas
instituciones, la ilustración no se entiende como una categoría que trasciende
la técnica. No debe ser un ejercicio de reproducir aquello que ya existe, se
trata mas bien de ver las posibilidades que puede ofrecer en términos de
expresión, gramática visual, vocabulario, formas y ante todo discurso. Si nos
quedamos imitando el aleteo de una mariposa, el rostro de alguien o una composición
conocida. No niego que estos ejercicios sirvan de aprendizaje, pero quedarse en
ello no es bueno. Felicito a todo el equipo ImagenPalabra, a los ilustradores e
ilustradoras que participaron, a los panelistas, a las instituciones
involucradas, a los espacios de exhibición y demás personas que hacen posible están
gran vitrina de la ilustración.
2 comentarios:
Los Herederos de Durero.. sería todo un honor, pensarlo así!
Thanks for sharing, nice post! Post really provice useful information!
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